Está establecido de una forma bastante clara una estructura en nuestro sistema político de carácter bipartidista. Este funcionamiento está mantenido por diversas causas estrechamente vinculadas. De forma resumida y simplificada, podemos considerar que las causas que tienen más peso son las relativas a las limitaciones de la Ley de Partidos, mantenida a su vez por los beneficiarios del bipartidismo, y las que tienen que ver con la forma de financiación de estas organizaciones. La posibilidad de obtener grandes financiaciones son las que aumentan su solvencia y su presencia dentro del mercado político actual.
Al margen de esta situación estructural que hemos esbozado aquí, lo que queremos resaltar son las consecuencias que esto tiene en la simplificación del pensamiento político de los ciudadanos. La afiliación con un determinado grupo político -en distintos niveles de implicación, desde el votante hasta la persona con cargos- parece que lleva implicada la aceptación en bloque del mismo. Uno no puede rechazar o criticar (si no quiere ser rechazado o criticado) medidas tomadas desde el partido con el que se simpatiza. Además, hay un sector muy duro de votantes dentro de cada bloque cuyo voto irá invariablemente a ese partido, actúe como actúe y ocurra lo que ocurra. Lo peor de todo es lo que se puede generar si uno critica al partido con el que claramente no está de acuerdo. Lo normal es que se considere que al criticarlo se está defendiendo al otro, y la respuesta será probablemente un contraataque. Está claro que los medios de comunicación tienen un papel importante en todo esto, por ejemplo dando voz a los de siempre, alimentando debates sobre cuestiones absurdas y superficiales a partir de la declaración de un político determinado, etcétera. Los políticos tienen la responsabilidad también, pero ellos al fin y al cabo hacen su trabajo y mantienen la situación que les beneficia. Si son así, es porque nos los merecemos y no hacemos nada por cambiar las cosas.
El problema grave es que esta bipolaridad nos está llevando a que cuando hablamos de política se hable de PP o de PSOE, de las medidas que han tomado uno u otro o de sus declaraciones. La política, y lo político, está por encima, es mucho más que PP y PSOE, no podemos reducirlo a tan poco. Si nos quedamos en eso, entramos en su trampa y reducimos nuestra capacidad de pensar y de actuar sobre la realidad política.
fdo. Cínico desmedido